David Gerstein Charles
Artista
Desde niño sentí una atracción profunda por la materia y su transformación. Construía volcanes de lodo y encendía fuego en su interior; me fascinaba observar cómo el calor cocía la tierra, la endurecía y la volvía duradera. Ese descubrimiento, la posibilidad de convertir lo efímero en algo que permanece marcó mi camino.

Desde entonces no he dejado de crear. La escultura se convirtió en mi lenguaje natural y, con el tiempo, el mosaico bizantino en el medio que mejor expresa mi manera de ver el mundo: fragmentos que, al unirse, generan memoria, forma y permanencia.
La iniciativa de fusionar el mosaico bizantino con la escultura urbana y el arte orgánico fue un proceso natural, casi inevitable. Con los años sentí la necesidad de llevar la escultura a otro nivel; el día que decidí recubrir una pieza con mosaico, encontré una fuerza expresiva que me atrapó por completo.

Esta técnica me ha permitido dialogar con la arquitectura, con el espacio público y con la naturaleza. A partir de ahí, mi trabajo comenzó a expandirse hacia la escultura urbana y los murales, integrándose a residencias y espacios colectivos donde la obra no solo se contempla, sino que se vive y se recorre.
Gran parte de mi obra se ha desarrollado en proyectos residenciales, donde el mosaico se convierte en un elemento protagónico del diseño interior y arquitectónico. No se trata únicamente de embellecer un espacio, sino de otorgarle identidad, carácter y un sentido de permanencia.
Los murales de mosaico transforman la experiencia del habitar: elevan la estética del lugar, generan un vínculo emocional con quienes lo ocupan y, al mismo tiempo, incrementan el valor y el prestigio de la propiedad. Son piezas pensadas para convivir con la vida cotidiana y trascender en el tiempo.