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Urbanismo feminista: hacia una transformación de las ciudades

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Urbanismo feminista: hacia una transformación de las ciudades

Por Ricardo Alvarado

El urbanismo moderno surge a partir de la Revolución Industrial con un sentido racionalista y androcéntrico. 

La concentración de las actividades productivas, sobre todo de la  industria en  la primera mitad del siglo XIX, tuvo efectos en el flujo de mercancías, transportes y personas a los principales centros industriales europeos. En la segunda mitad del siglo XIX, la necesidad de mano de obra para la industria, genera una primera oleada del campo a la ciudad, en donde campesinos sin tierra iban a emplearse en los centros fabriles de Londres, Paris, Barcelona, Berlín y otras ciudades. 

En similar situación se desarrollan ciudades en el resto del mundo, tal es el caso de Nueva York y otras ciudades de Latinoamérica en donde la problemática urbana generó condiciones adversas para sus habitantes.  Como reacción a estos problemas, las autoridades locales impulsaron una serie de leyes, normas y labor social que dieron lugar al urbanismo moderno. Así, nacieron las primeras leyes de vivienda para obreros y los primeros planes de zonificación y ordenamiento urbano desde una perspectiva racionalista: separar las actividades en el territorio.

Hay diversas concepciones  del urbanismo moderno: la inglesa del Town Planning, la estadunidense del Urban Desing, las alemanas del Statbau y la Urbanistik, y la francesa del urbanisme. En la evolución de cada una de ellas, la participación del Estado es fundamental, aunque varían en los enfoques de la planeación urbana, pero todas tienen algo en común: sus lineamientos fueron establecidos por hombres.

El diseño de las ciudades modernas se ha desarrollado en torno al trabajo, principalmente el masculino y de forma particular el obrero, en todos los casos se olvidó de  incorporar a las mujeres,  sus experiencias, necesidades y padecimientos en la ciudad. De igual forma se ignoraron las necesidades de los niños, los adultos mayores y los peligros o dificultades que enfrentan en las grandes ciudades.

Aunque las mujeres  fueron  parte de la fuerza laboral durante la revolución industrial, nunca se les permitió sumarse a las luchas obreras. En este marco es donde surge la trágica situación que ocurrió  en Nueva York y por el que se conmemora  el Día Internacional de la Mujer: el incendio de la fábrica Triangle, en el que murieron quemadas 146 mujeres por la indolencia de los dueños que no reconocieron los derechos de las obreras. 

Tuvieron que esperar hasta la revolución cultural de los años sesenta para reconocer el espacio público como una trinchera duradera para ejercer lo que a finales de la década se denominó el “derecho a la ciudad”. Grupos de geógrafas, arquitectas y urbanistas, desde la misma década de 1960 señalaron que la ciudad no era un espacio neutro y que era el reflejo del sistema jerárquico y patriarcal en el que las mujeres tenían que luchar para transformarlo. Diversas agrupaciones, mayoritariamente de mujeres, han aplicado  sus conocimientos a proyectos de planeación feminista y desde una perspectiva de género, destacando tres vertientes fundamentales: proyectos para contribuir a la seguridad de las mujeres en las ciudades, para la apropiación del espacio público por las mujeres y para contribuir a la creación de programas de ordenamiento urbano.

En diversas ciudades del mundo como Montreal, Viena y Bilbao se han implementado acciones urbanas con perspectiva de género. Estas experiencias nos demuestran los beneficios de incorporar la perspectiva de género y el feminismo en las políticas públicas en lo referente al transporte y al diseño urbano.  

El urbanismo feminista es incluyente, ya que busca contribuir a mejorar las ciudades para otros grupos que históricamente han sido ignorados en la planeación y el diseño urbano. Espacios con zonas verdes, calles con prioridad peatonal, espacios comunes o zonas para el encuentro y el descanso fomentan la construcción de una ciudad para todos.

Se trata, a fin de cuentas, de hacer ciudades que fomenten las zonas de encuentro y de socialización, desterrando la concepción única de las ciudades como lugares de tránsito.

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