El arte Kintsugi, cuyo origen se remonta al Japón del siglo XV, es una técnica que consiste en reparar objetos de cerámica rotos utilizando un barniz de oro o plata. En lugar de intentar ocultar las grietas y los defectos, el Kintsugi los destaca y los convierte en una parte integral del objeto. Esta técnica no solo restaura la funcionalidad del objeto, también le confiere una belleza y una significación nuevas.
Todos podemos aplicar el principio del Kintsugi en nuestra vida personal. Cuando enfrentamos momentos difíciles, es fácil caer en la tentación de intentar ocultar o negar la realidad. Sin embargo, el Kintsugi nos enseña que es precisamente en las grietas y los defectos donde se encuentra el aprendizaje y la verdadera belleza. “La adversidad es el mejor maestro”, dijo el filósofo japonés Matsuo Bashō. “Es en la oscuridad que encontramos la luz”.

Cuando aprendemos a aceptar y a abrazar nuestras imperfecciones, comenzamos a encontrar la belleza en la imperfección y tenemos la oportunidad de aprender a ver que nuestros errores y fracasos son oportunidades para crecer y aprender.
El Kintsugi nos enseña que la resiliencia no se trata de evitar los golpes y las heridas, sino de aprender a encontrar la belleza en la imperfección. Es aprender a tejer nuestros momentos, tanto los difíciles como los hermosos, en un tapiz de crecimiento y bienestar.

No se trata de enaltecer las imperfecciones sino en aprender a encontrar la belleza y el aprendizaje de cada momento complejo.
“La vida es un regalo, y cada momento es una oportunidad para encontrar la belleza en la imperfección”, Ryōkan.
Que el arte Kintsugi nos inspire a encontrar la belleza en la imperfección y a tejer nuestros momentos en un tapiz de crecimiento y bienestar.